Devocionales: Aliento de Vida

Dios formó al hombre del polvo de la tierra,
y sopló en su nariz aliento de vida,
y fue el hombre un ser viviente.

Génesis 2:7.

Aliento de vida

«Se está acabando»; «era su hora»; «sólo se vive una vez». Muchas veces se dice esto, pero, ¿es exacto? ¿Acaso nacemos para llevar una vida muy ocupada, cumplir ciertos deberes, entretenernos, divertirnos, sufrir durante unas decenas de años y después desaparecer repentinamente? Si así fuera, seríamos como una flor que no da fruto o una semilla que no germina, lo cual sería una verdadera anomalía. El Creador destinó toda semilla a producir una nueva planta. Y al alma humana con su sed de lo infinito, la ha destinado a un más allá infinitamente feliz.

Dios le quita el aliento al hombre y éste muere. Es el decreto divino a causa del pecado. El cuerpo vuelve al polvo. Pero el alma, o el espíritu, deja su envoltura mortal y prosigue su existencia. ¿Y dónde la continúa? Jesucristo nos lo revela cuando cita el caso de dos hombres en la parábola de Lucas 16:19-31. Vivían cerca uno del otro, luego ambos murieron. Pero sus destinos resultaron absolutamente opuestos: el primero fue a un lugar de desdicha, el otro a un lugar de reposo, donde podrá gozar de una eterna felicidad. No se puede pasar de un sitio a otro, tampoco hay aniquilación ni reencarnación.

Éste es el ser humano: una parte material, el cuerpo; otra inmaterial, el alma, que mora provisoriamente en el cuerpo. ¿Posee usted la vida del alma, esa vida eterna que Dios nos otorga cuando creemos en el Señor Jesús, quien murió por nosotros en la cruz del Calvario?

Estos son provistos por Amén-Amén

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