Gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento;
porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar.
Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto.
1 Timoteo 6:6-8.
Saber contentarse
Nos propuso ir con él a visitar a una persona de la aldea. Paralizada desde hacía varios años, vivía sola en una pequeña casa donde había apenas lo necesario. La puerta siempre permanecía entreabierta, de manera que tanto de día como de noche los habitantes de la aldea entraban para hablarle y ayudarle un poco.
El visitante preguntó: –¿No te aburres, María? Ella contestó con una dulce y apacible sonrisa: –Estoy muy feliz, Dios está conmigo y confío en él. Por eso no me aburro. Además todo el mundo es tan amable conmigo.
Nos sentimos muy conmovidos; nunca habríamos pensado que se puede vivir en condiciones tan precarias y estar contento con todo y con todos.
Como el apóstol Pablo, ella había aprendido a contentarse en las circunstancias en las que se hallaba. En su prisión, el anciano siervo de Dios aún agregaba: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:11-13). ¡Qué lección para nosotros!







