Mejor es dar que Recibir

“Porque ya conocéis la gracia de Nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos” 2 Corintios 8:9

No sea que aprendas sus maneras, y tomes lazo para tu alma. No traspases los linderos antiguos que pusieron tus padres” Proverbios 22:25 y 28.

Leer Génesis 14:20; 28:21 Proverbios 3:9
Aquí en las Escrituras podemos ver como desde el principio, Dios puso en el corazón del hombre, el deseo de compartir sus ganancias con él.

Abraham y Jacob ambos lo hicieron con una espontaneidad que realmente nos impresiona; Dios honró esa fe de tal manera que la Biblia dice “Que ambos, Abraham y Jacob, fueron ricos en gran manera”.

Ellos poseían esas riquezas que provienen de Dios, ya que tenían junto con las riquezas, la facultad de comer de ellas y el Corazón alegre. Pero, he aquí el secreto de tal riqueza: ellos aceptaron el principio establecido por Dios, y son los mismos que Cristo estableció para nosotros ahora.

Ellos dieron con alegría; pues comprendieron que debían devolver a Dios, algo de lo tanto que Dios les había dado.

¿Ha pensado cuanto Dios le ha dado? Compartir con la obra de Dios algo de lo tanto que Dios le ha concedido, será lo que producirá un verdadero gozo y verdadera satisfacción, haciéndole crecer espiritualmente.

También la cita de Proverbios dice como Dios promete a cada persona que le honra con sus bienes, multiplicárselos muchas veces.

Jesús asentó este principio cuando dijo: “Más bienaventurado es dar que recibir” Hechos 20:35. Los creyentes de la primitiva iglesia aceptaron este principio y su espontaneidad fue tal que ellos compartieron con Dios lo que poseían; su anhelo y deseo de extender el reino de Dios sobre la tierra, los llevó aún hasta vender sus propiedades. (Ver Hechos 4:34-35)

Lo mismo hicieron las mujeres según Lucas 8:1-3. Estas mujeres le ayudaban a Jesús para que el reino de Dios se extendiese sobre la tierra.

Ellas colaboraron con Jesús porque comprendieron los principios que Cristo había establecido. Los resultados, el mundo de su tiempo fue sacudido, comenzó con Jesús y continuó con la Iglesia Primitiva; porque los primitivos creyentes dieron a la obra de Dios.

Como dice Pablo en (Leer 2 Corintios 8:3-5). Ellos comprendieron el alto privilegio de dar a Dios conforme a sus fuerzas, y aún más, dieron hasta que el dar, significó para ellos un sacrificio.

Tomado del Libro: Prosperidad Económica

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