Devocionales: Fraternidad

Todos se desviaron, a una se han corrompido;
no hay quien haga lo bueno.
Salmo 14:3.

A todos los que le recibieron (a Jesús el Hijo de Dios)…
les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.

Juan 1:12.

Fraternidad

En el célebre lema de la República Francesa, la fraternidad es honrada junto a la libertad y la igualdad. No hay sueño más hermoso que el de ver realizada alguna vez –por el efecto de la buena voluntad– una sociedad en la que todos se llamen hermanos y se traten como tales.

Por desdicha, la realidad nos despierta bruscamente. El mundo donde vivimos se debate en la confusión de la incesante lucha entre los hombres. En los años 1999 y 2000, por lo menos en una veintena de países había contiendas de alguna clase. La fraternidad humana es una generosa ilusión; el viejo dicho latino continúa siendo verdadero: «El hombre es un lobo para el hombre».

En este caos moral sólo la Biblia puede servirnos de guía. Dios se hizo hombre en la persona de Jesús; fue semejante a nosotros en todo, a excepción de la terrible tara del pecado (Hebreos 4:15). Vino a cumplir la obra libertadora al cargar con los pecados de quienes se los confiesan. Desde entonces, todos los que en él creen son hechos hijos de Dios, y Jesús “no se avergüenza de llamarlos hermanos” (Hebreos 2:11).

Esta es la verdadera e indestructible hermandad que el mundo rehúsa, pero que los creyentes conocen. En efecto, por medio del nuevo nacimiento ellos forman parte de la misma familia, cuyo Padre es Dios, y Jesús “el primogénito entre muchos hermanos” (Romanos 8:29).

Estos son provistos por Amén-Amén

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